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El pueblo de Abrucena propiamente dicho es tan bello como los vestigios de El Castillejo o como el paisaje de su término municipal, y muy en especial por la curiosa y elegante iglesia que lo domina y, sobre todo, por sus calles, que asemejan a menudo un ovillo y que dan por su blancura la sensación al viajero de exageradamente soleadas al mediodía y de exageramente sombrías al atradecer, cuando la gran pared de Sierra Nevada le quita de pronto la luz para que caiga a pico la noche.
Abrucena es un pueblo de sierra y, como buen pueblo de sierra, alberga en sus alrededores preciosos parajes que llaman al paseo y a la excursión para encontrarse con la naturaleza. Uno de ellos, el del área recreativa de La Roza es, con toda justicia, uno de los más visitados de la provincia, y, junto al resto de la oferta que nos presenta Abrucena (El Serbal, el Aula de Naturaleza) uno de los más convincentes apoyos para el desarrollo en Almería de ese turismo rural tan lleno de futuro.

"Calle de Abrucena"